Tengo pendiente desde hace tiempo seguir contando mis experiencias culinarias y más desde que me he enamorado del cocinero de V Televisión (es una televisión privada de la comunidad gallega) que cocina muy bien, habla mejor y hasta es mono. No me lo puedo creer, igual hasta me estoy volviendo poco materialista porque no está mazas, jajaja.
Así que retomo mis posts de cocina "ReZetas" para que aprendáis todo aquello que nadie os dirá nunca en los libros de cocina. Hubo un día, hace unos cuantos años, en que decidí en mi reciente emancipación darme un homenaje gracias a una oferta del Carrefour en que estaban los bogavantes, mi marisco favorito, a nueve euros, y me propuse hacer un arroz con bogavante. La receta en sí misma al parecer no tiene ningún problema, consiste en hacer como una paella o un arroz caldoso con trozos de bogavante en medio y listo. Cogí el libro de María Luisa o cualquier otro y leí. Parecía de una dificultad sería equivalente a un cuatro sobre diez. O sea, chupado. "Primero poner el arroz a hervir tras rehogarlo un poquito en aceite de oliva, añadir el agua y salarlo". Buah, neno, chupado. Hecho. Siguiente paso.
"Después se procederá a partir en pedazos el bogavante. Puede resultar un poco desagradable trocearlo al tratarse de un ser vivo, por lo que es recomendable actuar rápidamente". Qué grimilla imaginarse ser el pobre bicho. Pero está tan bueno... todo sea por disfrutar. Cogí el cuchillo jamonero más grande que tenía a mano, y estiré al pobre animalillo en la meseta, boca abajo para que se mantuviera estirado. Apoyé mi cuchillo, el bogavante se empezó a mover, yo me puse nervioso, le dí un leñazo brusco al cuchillo pero no cortó todo el cuerpo del crustáceo, que comenzó a agitarse en pedacitos, volví a atizar el canto del cuchillo con el mortero para hacer palanca, lo que resultó en que me quedase con la hoja del cuchillo clavada en la meseta y el mango por el que lo asía en mi mano. De mi boca surgió un gañido desesperado mientras buscaba otra herramienta con la que continuar mi desfeita, y en aquel momento me habría sentido el Dexter culinario pero de aquellas aún no existía la serie. Finalmente con un cuchillo de carne y tirando de brazo le partí la cabeza al bicho, lo metí en la olla, lo tapé, y me puse a pedir perdón a cuantos santos se me ocurrieron porque si existe un cielo aquel día me gané el no ir a pulso.
No puedo siquiera decir que estuviera bueno porque me olvidé de echar un poco más de sal para salar el marisco. Resultado total:
- Un bogavante destrozado, despedazado en vivo y retorcido hasta la muerte que me odiará con toda la intensidad que sea capaz de odiar un animal de su naturaleza
- Un cuchillo roto
- Una meseta de cocina hecha añicos con cicatrices de una guerra civil. Todo ello después de haber limpiado la carnicería (marisquería debiera decir) en que previamente la había convertido.
- Media olla de arroz con bogavante soso que nadie podría comer una vez enfriado.
- Un pasaje para el infierno de los mariscos en donde me clavarán sus tenacitas hasta el infinito.

