domingo, 6 de febrero de 2011

Reencontrandome con la juventud

Estos dias de atras estuve muy liado. Sin animo de hablar demasiado de mi trabajo, he ido a ver un centro de alto rendimiento deportivo. Vivi alli, comi alli, y conoci a mucha gente, gente verdaderamente interesante de la que lo primero que aprendi es que hago muchas cosas mal. Vale, si, tambien habia bastantes idiotas y la gente en general fue bastante fria pero cada sitio tiene su idiosincrasia (casi le escupo a una por meterse con galicia parlando en catala, como si yo fuera idiota y no la entendiera, pero me mordi la lengua, por no montar un espectaculo).

Pero no es de lo malo de lo que quiero hablar, asi que me callo, que ademas a la noche tengo que hacer un jaleo macabeo que me ha endilgado thiago (gracias, observatorio gay granatense, por avisar). Lo que quiero es dejar constancia de lo que alli vi.

Encontrarme de nuevo en una residencia de estudiantes universitarios pero tambien de instituto y colegio, conviviendo todos en armonia, levantandose a las 7 de la mañana para el primer entrenamiento, desayunar, ir a clase, comer, dormir una siesta, volver a entrenar, volver a clase, cenar, y terminar con clases de refuerzo hasta las 11 de la noche, ver aquella pareja de novios con la candidez del primer amor, uno de ellos con el brazo amputado, esa integracion total, el que despues o durante toda esa jornada de sacrificio vinieran por varias horas a ser manoseados, juzgados, desnudados y vistos por desconocidos, y nunca, jamas, ni una sola vez un mal gesto, una mala cara, un retraso, una protesta... Sentir de nuevo esa energia no se si de la inocencia o de la simple voluntad, llamadla bondad, llamadla ignorancia de la realidad del mundo, ese darse a otros al 100%, sentir esa entrega y ese sacrificio generoso... todo eso y mucho mas, me hizo volver de nuevo a hermanarme con la juventud. Y todo eso encima pendiente de la renovacion de una beca anual que si pierdes te arruina el sueño por el que has dejado atras la familia, los amigos y, por que no decirlo?, la infancia de modo prematuro. No, no volvere a admirar a un futbolista sino al pobre campeon de lanzamiento de martillo, al nadador, al gimnasta, a esa gente que dejando atras vida y deseos se entrega de un modo tal que por vaciar vacia hasta si juventud por unos ideales para llegar mas alto, mas lejos, y mas fuerte que los demas. Y como no, tambien a aquellos que en el intento no lo han conseguido. Os amo y os admiro, chicos. Vaya desde aqui esta mencion aunque no sirva para que ninguno de vosotros la lea.

Claro que igual eso solo traduce dos cosas: que yo ya soy viejo, y que la gente joven es muy guapa, jajaja.

viernes, 4 de febrero de 2011

El culo perfecto

     Fue en el momento del descanso cuando todo pasó. Acababa de hacer una serie de curl de biceps y estaba descansando en el banco, cuando el chico al que yo no le quitaba el "reojo" se movió hacia donde yo estaba. Enfundado en sus mallas oscuras, su camiseta sin mangas sólo enseñaba aquello que no dejaba insinuar. Su cuerpo hercúleo se contoneaba al ritmo que marcaban sus pasos, mientras su sonrisa brotaba al conversar con un amigo. Sentado en aquel banco, pensé en lo hermoso que sería poder acariciar ese cuerpo depilado, pasear de su mano por la orilla del mar, o sentir como sus labios susurraban en mi oído mientras mordisqueaban mi oreja con picardía.

     Pensé, también, en qué hermoso sería que él supiera todo aquello que yo sentía. No tener que callarse los sentimientos, no tener que ahogar un grito al aire en la cárcel de mi boca. Y entonces se puso justo delante. Las carnes, prietas, sus piernas torneadas con cincel y, en el pequeño segmento de tobillo que se le veía, aquella pequeña vena que se insinuaba, recta, firme, turgente, pidiendo ser acariciada, lamida, besada, amada. 

     Todo eso pensaba, y no me di cuenta de que él daba un paso atrás. Fue en ese momento cuando su culo terminó accidentalmente chocando con mi cara embobada y, tras sus disculpas y mi bochorno, tuve que marcharme enrojecido de la vergüenza al vestuario para salir huyendo a mi casa.

     Para darle gusto a Theodore que me dice que escriba más ficción. Claro que esto lo mismo es ficción que no lo es, jajajaja.

jueves, 3 de febrero de 2011

estressss

Estoy muy triiiiiisteeeee...

Y soymuy buuurroooo...

Claro que al menos ahora ya se editar un post desde el movil gracias a Have a nice day.

A ver... es que voy por este curso como un aitista. No solo es que no sepa nada, a esa sensacion ya estoy acostumbrado aunque sigo sin explicarme como aun no me han despedido con tante ignorancia que tengo. Es que, encima, no conozco a nadie y por mas que lo intento la gente no da pie. No, si al final me meten en una isla desierta y yo termino tirandome de un guindo. Por no hablar de la residencia donde estoy, rodeado de deportistas de elite que cada vez que me ven me miran en plan «perooo... y este que pinta aqui?» que es lo mismo que estoy preguntandome yo, porque para saber que no se nada, que lo hago todo mal y que probablemente haya desperdiciado mi vida en el intento de no ser un desastre, no necesitaba viajar tan lejos.

Y mañana la cena oficial del curso en la que como nadie me habla pues lo mas probable es que me deprima mas o sino que me emborrache y acabe vomitando, hecho que al menos me haria popular pero en un sentido que no es el que me apetece. Claro que puedo no ir y quedarme mas triste que un tomate pera en mi habitacion preguntandome que hay que hacer para sacarse un novio deportista de elite (porque elitistas ya conozco unos cuantos).

PD: perdon por el post depresivo pero estaba agobiado y necesitaba decirselo a alguien. Asi que te ha tocado.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Empanado

Pues resulta que estaba hace unas horas (aunque cuando vosotros leais esto habrá pasado algún tiempo más) hablando con un compañero de trabajo sobre nuestras patochadas cuando al bueno del hombre le entró hambre, y poniendo cara de Juan Echanove en "Un país para comérselo" (en el que se recorren toda la geografía española comiendo con una cara de placer por su parte inenarrable) me comentó "es que no hay pan como el de una buena barra del país". A mí se me dibujó una sonrisa, más por la expresividad de su rostro que por lo que había dicho (y eso que las barras que le gustan a él no creo que sean las mismas que me gustan a mí, pero...). Lo de la barra "del país" es una expresión muy gallega, como si con decir eso estuvieras diciendo "de alta calidad" o más bien "de confianza". Al final las cosas "del país" son las de la vecina, más bien. Porque en galicia hay mil panes diferentes y todos son "del país". Ni que fuéramos Rusia, vaya.

El caso es que me quedé pensando en que si hay algo que me llamaba la atención de las pequeñas temporadas en que viví en el extranjero ya fuera por viajes de placer o de trabajo, era justamente que allá no se come nada de pan. Supongo que terminaremos haciendo lo mismo aquí pero con veinte años de retraso, como siempre (a no ser que comas en VIPS que allí para conseguir pan casi tienes que ir con la harina de casa). Con lo bien que se come una ensalada con un poco de paaaaaan...Y si os parece que exagero, echad una visual a vuestro quehacer diario...

De momento las reinas del pan domiciliario viven en los supermercados. Las barras del super, esas que están tan flácidas que van a tener que ponerles un poco de Viagra en polvo, han sustituído casi de modo hegemónico, a las panaderías, bien por mérito propio (cosa que dudo) o bien por demérito ajeno (una vez más, tenemos lo que nos merecemos). Dentro de ellas destacan por su morfología aflautada y su tamaño perfecto para unidosificarlas y meter el resto en el congelador, las baguettes. Lo malo de este pan de supermercado es que es de un solo uso, o mejor dicho, de escasa vida media, porque a la noche ya han adquirido su consistencia gomosa que yo denomino "modo chicle", para a las pocas horas (ello es, a la mañana) estar en modo hormigón armado (en el ínterin puedes emplear la barra como tostada sin necesidad de tostadora). Que yo a veces me quedo pensando en por qué no utilizarán esa masa como argamasa o cemento para la construcción, seguro que ahorraban hormigón para tabicar las casas.

Después tenemos el pan de panadería, que también me hace mucha gracia. Tú llegas a la panadería, "Buenos días", "buenos días" te responden y entonces dices "quería una barra" y llega la pregunta típica y tópica "Cocida o poco hecha?" además te lo dicen dándote a escoger una de cada. Y tu que por ahora no eres Rompetechos, las miras y te preguntas en qué momento quemado pasó a llamarse cocido y crudo pasó a llamarse "poco hecha".

Afortunadamente como ya tengo unos años y aún vivo en Galicia, yo ya sé dónde ir a comprar pan cuando tengo tiempo. Hay una pequeña tienda cerca de mi casa que sigue trayendo pan de verdad, tú entras allí y no sabes con qué vas a salir pero sabes que estará bueno. De los que he probado por ahora, me quedo con el pan con nueces y pasas, claro que si por mi fuera estaría comiéndolo todo el día y tampoco parece sensato. O sí, y sino, que le pregunten a Juan Echanove, jajaja.

Cursileando

Queridos (para algunos escasos) blogoseguidores:
Lamento no poder atenderles como vds. merecen pero me encuentro ahora mismo preparando la maleta para mi viaje de mañana a tierras catalanas. Hasta el sábado o, más probablemente, el domingo, no podré disponer de una conexión decente, así que actualizaré mi blog con tres posts que tengo en borradores (si lo logro desde el movil) pero no esperen ustedes milagros. Además, menudo estrés que he reservado ya hotel para Madrid, que me voy a ir allá en un par de semanas a pasar el fin de semana de desintoxicación coruñesa que una vez al año no hace daño. A ver si pillo entradas para algún musical...

Bueno, eso, que os dejo, perdonad la brevedad pero la maleta espera y yo nunca sé qué ponerme, jajajaja

martes, 1 de febrero de 2011

Lembranzas

     Luisa recordaba aquella anécdota de su abuela. El día en que Dios descansó posando su mano tras crear el mundo, y formó las rías Baixas al tomar apoyo. Recordaba también aquella vez en que la tormenta la pilló desprevenida y, zarandeada por el viento, fue un vecino quien la recogió, perdida en medio del monte, apenas a cien metros de casa. Luisa recordaba todo aquello mientras el bus de línea devoraba kilómetros por la autovía. Al fín, años después de haber marchado, regresaría a la tierra de sus padres. Llevaba mucho tiempo aguardando por un verano que le diera la ocasión de reunir a varios amigos de la infancia y celebrar todos juntos allí una sardinada, lejos de los centros comerciales de la capital y del urbanismo salvaje. Ya podía sentir en su nariz el olor del pescado a la brasa, mientras en su boca rememoraba la textura de aquel pan de brona que tan bien casaba con aquel manjar. Y recordaba.... recordaba de su infancia aquella tierra donde el agua de lluvia se convertía en arte. Donde del verde de sus montañas surgía el amarillo de la flor del toxo y de la xesta. Donde el olor a mar se impregnaba en cada esquina y el viento peinaba cada pequeña plaza. 

     Recordaba que hubo una tierra en que sus gentes marineras veían todos los días morir al sol. Un faro mítico que dio nombre al fin del mundo, donde gentes venidas de sitios de nombres desconocidos acudían a quemar sus vidas pasadas, dejando atrás su anterior yo. Que hubo un paraíso lleno de montañas y riberas, lleno de vida y de luz, de roca y manantiales, de playas de fina arena y de dunas danzarinas que bailaban con la brisa del mar...

     De repente, el autobús se detuvo. El conductor dio el aviso -"fín de trayecto!"- y todo el mundo se puso en pie para recoger su equipaje. Aturdida, Luisa se bajó del autobús. De la playa del pueblo no quedaba apenas vista, tapada por dos edificios vestidos de granito gris. Por cualquier esquina que mirase, no pudo adivinar el verde de las montañas ni el murmullo de los manantiales. A lo lejos, las luces de un hipermercado alumbraban una explanada en la que alguien, con dudoso gusto, había puesto una fuente de metal. No había niños correteando en la calle. Y, mientras vió cómo la policía se llevaba esposados a un par de concejales, descubrió con amargura que a la plaza mayor le había surgido... un centro comercial.

     Agentes de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales han intervenido en la mañana de ayer los ayuntamientos de Cee, Fisterra y Mazaricos y han detenido a los tres regidores, a dos concejales y a tres industriales.

La Cenicienta de Carmín.

     Con conciencia escogió el vestido que habría de poner aquella noche. El escote, insinuante pero no provocativo. Los encajes a juego en cada una de las mangas. Una falda plisada de la que se abría una herida que surgía en medio del muslo, derramando su pierna a quien quisiera mirarla. Como complementos, un par de alhajas doradas. Los ojos verdes, enmarcados en el cián del maquillaje. Un toque de rimel. Carmín. Unas gotas de perfume. Y un peinado dominando aquel cabello ondulado.

     Con paso firme, Cenicienta se dirigió a la puerta. Inspiró su libertad de unas horas, antes justo de abrir la puerta. Otro paso y el umbral de su hogar quedaba atrás. La noche era divertida, y hoy ella sería la noche. 

     Al poco, bajándose de su carroza, caminó hacia el palacio. Con sorpresa, con cautela, con admiración oculta en miradas de reproche, la multitud la acogió. Sus zapatos de cristal tintineaban sobre el suelo de mármol blanco, mientras sus pies se dirigían al encuentro de su príncipe. 

     Él la cogió de la mano. La besó con delicadeza, tan frágil le parecía que temía que fuera a romper. Bailaron juntos una, dos, cien piezas. La noche se les hizo eterna y entre risas y confesiones, el alba comenzó a brillar. Se miraron, se desearon, los labios de él se acercaron, un temblor, un leve pálpito, una gota de sudor recorriendo su espalda, un suspiro, ya viene, me besa, pensó Cenicienta mientras su boca se callaba en boca ajena. Una mano por su brazo, un escalofrío en su ser. Y a lo lejos, las campanas, una, dos, y ya van tres.

     De repente, una amenaza, un latir que obliga a huir. Sin tiempo de explicaciones, Cenicienta debe irse, dejando atrás a su amor. Baja de dos en dos los peldaños de la escalera principal, y monta con premura en su carroza encantada. Son las doce y el hechizo deja su magia atrás. En su carroza de chapa, bajo lágrimas de cian, se oye una voz que calla su realidad. Nunca el príncipe sabrá que su Cenicienta se llama en  realidad Roberto.