A mí es que me pasa como a Rajoy, no me gusta hablar de política por miedo a que no me voten, o en mi caso a que no me lean. Pero dado que estamos en la recta final de unas elecciones que van a ser determinantes, creo que voy a tomarme el lujo de analizar la situación en la que estamos. A mi modo, claro. Y, quién sabe, igual mañana hasta me animo y hago un post para sacarnos a todos de la crisis, qué majo que soy!
Pues resulta que hace mucho, mucho tiempo, en un universo paralelo en el que quien no vivía en una seta se la comía para alucinar, hubo una raza de seres azules llamados los pitufos. Los pitufos eran felices haciendo las cosas que a todo el mundo le gusta hacer, a saber, comer, cantar, pasear, reir y lo que más les chiflaba, pitufear tiñéndolo todo de azul. Gracias a sus buenos contactos con sastres y organizadores de eventos deportivos establecieron un imperio, que terminó ramificándose con contrucciones de aeropuertos para pasear a las personas, Ciudades de la Cultura para guardar libros que no existían y hospitales y escuelas para atender a gente sana y aplicada porque a nadie le gusta rodearse de enfermos y fracasados escolares mientras se lo pueda permitir, claro. Obviamente, en un país tan azulado no gustaban demasiado otros colores, es lo que tiene ser tan homogéneo. ¡Figútate que incluso le tenían tirria al propio arcoiris!.
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| Ay, cariñín, y tú no te has dado cuenta de lo que te iba a caer encima! |
Los pitufos trabajaban especializándose cada uno en un oficio. Y así, habia un pitufo cocinero, un pitufo artista, un pitufo gruñón (me siento taaan identificado contigo, pitufín!), un pitufo obispo, uno periodista, otro privatizador y un pitufo banquero -bueno, de estos últimos había varios, no te vayas a pensar-. De las pitufas, sin embargo, no se sabe demasiado, porque preferían que estuvieran en sus champiñones criando pitufitos y no les gustaba demasiado que trabajasen a la vez, mucho menos que simplemente trabajaran. De hecho sólo una pitufina reunió méritos suficientes para ser glosada en los anales de la historia, vaya usted a saber qué hizo. Un buen día pensaron que su pitufipaís era demasiado pequeño y aburrido y quisieron más, para lo que decidieron expandirse más allá de su pequeño mundo de setas azulonas. Se presentaron a las elecciones aplicando recetas secretas que nunca desvelaban pero que prometían llenar las arcas de dinero y las oficinas de trabajo. Y así conquistaron ayuntamientos, comunidades autónomas, diputaciones y gobiernos, ganando alguna batalla incluso antes de disputarla, pues tal era su poder y tanta la confianza que en ellos depositaban quienes los aclamaban a su paso.
Y cuando todo pasó... cuando todo pasó se dieron cuenta que de su pitufipaís al nuevo mundo no había diferencias más que en el tamaño. Un enorme y monótono mundo monocolor.
PD: Y de lo que nadie se dió cuenta nunca es de que quien los dirigía... en realidad... vestía de rojo!










