Y es que me han regalado uno. Ya sabéis que a los reyes yo les pedí un maromo pero no fue exactamente eso lo que me trajeron. Y no voy a decir mucho más porque si lo dijera... si lo dijera diría que este invento es el no va más. Que si por mí fuera no habría hembra de sangre caliente ni varón chulazo que pudiera darme más felicidad. Y sin tener que invitar a una copa. Que jamás con menos esfuerzo se consiguió tanto placer. Que por tener tantas ventajas, ni siquiera lo dejas todo pringado. Y que chicos, ser feliz cuesta muy poco. Diría que es una sorpresa abrir tu huevo y ver que, efectivamente, dentro está eso, tu huevo. Blandito, blanquito, fresquito. Que luego tienes que meterle el lubricante. Y pensar en cualquier guarrada que te ponga cerdaco, claro. Que te tienes que dejar envolver por su fresco abrazo cálido. Sin miedo. Sin mesuras. Porque tu huevo es muchas cosas, pero ante todo es elááááááááááástico cual Elastic-girl la de "Los Increíbles". Y entonces notas que nunca una gallina pudo fabricar algo mejor, porque si no no se hablaría de la gallina de los huevos de oro, sino de los huevos sintéticos. O diría que ya podrás hacer como cualquier niñito con su huevo Kinder y ¡Por fín! tener el derecho a jugar a lo que te sale de los huevos. Y una vez más en esto se demuestra que la iglesia va lenta, muy muy lenta, porque por ahora que yo sepa nadie condenó este invento. (por cierto que hace mucho que la iglesia se olvidó de reñirnos por la masturbación, a lo mejor ahora ya sólo es pecado ser maricón o abortar, dí tú que si yo un día voy a confesar al cura le va a dar un parrús igual).
Todo eso diría si es que fuera a decir algo. Pero como no lo voy a decir, por esto de mantener el mito de mi asexualidad y tal, me lo voy a callar. Pero vamos, que si me aceptan un consejo, tienen ustedes que probarlo. Y luego ya me cuentan qué tal.

