Resumen de las anteriores entregas: El joven Zetita y su familia familiar (padres y hermano) fueron en una ocasión a esquiar. Como domicilio, la funeraria del pueblo, como aperitivo, un neumático que reventó al lado de sus padres que descansaban para mejorar de una jaqueca mañanera, y un accidentado viaje en telesilla. La aventura continúa con el momento clave en el que empiezan los momentos lamentables del día: colocándose los esquíes.
Porque eso de ponerse un par de esquíes tiene mucha más complicación de la que podáis pensar. Sobre todo hay que aplicar la lógica aplastante pura. ¿En qué consiste eso? Básicamente en conocer la ley de la gravedad. Esa que dice que todo cuerpo que está arriba tiende a ir hacia abajo. Y por el camino más corto posible. Así que si te pones los esquíes y empiezas a ver a la gente de tu espalda pasar cada vez más rápido hacia delante, no significa que ellos se muevan, sino que tú has sido tan idiota de ponerte de espaldas a la pendiente. Y si es una pendientecilla, no pasa nada. Pero si estás a punto de salirte de las pistas y terminar despeñado, lo mejor que puedes hacer es tirarte con la mayor dignidad posible antes de morir hecho picadillo. Así que el bueno de Zetiña fue lo que tuvo que hacer, e hizo.
Ese fue el primer momento indigno del día. El segundo, fue cuando, correctamente posicionado con la nariz mirando al infinito, comencé a bajar por una pendiente tan poco pendiente que parecía llanura. Y mis piernas empezaron a separarse centímetro a centímetro, cual cervatillo recién nacido, hasta que terminé haciendo mi versión particular del espagat aunque, milagrosamente, no me espanzurré los huevos con la nieve porque me caí de culo, en lo que constituyó el segundo momento indigno del día.
Y era más indigno en tanto en cuanto mi hermanito ya se movía por la nieve como si hubiera nacido del hombre de las nieves. Allí estaba yo, peleándome con el equilibrio (en lo que constituyó un entrenamiento que me vino muy bien para mis noches de juerga, años más tarde) mientras él subía y bajaba por pendientes imposibles para mi sobrepeso.
A la hora de comer, y tirando de bocata, lo único que vendían en lo alto de la montaña (todo con tal de no volver a pisar aquel telesilla suicida) mi padre se encontró con una señora estupenda de la muerte a la que conocía que nos vino a decir que ella claro, llevaba mil años esquiando y lo hacía superbien. Justo antes de lanzarse toda pizpireta montaña abajo y llevarse un leñazo morrocotudo con otro suicida de esos que esquían, en lo que supuso el momento de dignidad ya que me quitó parte de la carga de indignidad del día.
Aunque lo divertido (e increíble) fue cuando el señor monitor -que estaba de muy buen ver, debo añadir- nos empezó a dar clases, nos habló de la cuña, e hizo un ejemplo práctico torciendo la rodilla hacia la derecha y girando a la derecha, luego a la izquierda y girando a la izquierda, luego a derecha y todo él se iba a la derecha, y de nuevo a la izquierda y paró en un telesky para subir de nuevo. Después fue mi hermano, que hizo lo mismo, gira a derecha y se va a la derecha, gira a la izquierda y se va a la izquierda, gira a la derecha y se va a la derecha, gira a la izquierda y se va a la izquierda, y se para, Vítores del monitor, sonrisa de satisfacción de mi hermano. Cara de pavor de Zetiña, que se lanza como un miura desbocado, gira a la derecha, y el cuerpo a la derecha, gira a la izquierda, y el cuerpo a la izquierda, esto-está-chupado-menuda-chorrada, gira a la derecha y el cuerpo a la derecha, gira a la izquierda y EL CUERPO A LA DERECHA, gira más a la izquierda Y EL CUERPO A LA DERECHA... UNOS PALOS SE ATISBAN EN EL HORIZONTES, GIRA A LA IZQUIERDA, Y SIGUE EL CUERPO A LA DERECHA, PALO A LA IZQUIERDA, PALO A LA DERECHA, ZETIÑA EN MEDIO DE LOS DOS Y SE LANZA... Al infinitio y más allá.
El tercer momento indigno del día terminó con el monitor llorando de la risa, y Zetiña rojo de vergüenza, con una tapa de alcantarilla abierta y un moratón en mi nalga derecha.
Por razones como ésta, supongo, no volví a intentar esquiar por ahora. Y no amenazo con volver, jajajajaja.
sábado, 23 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Esquiando (o qué duro es besar el suelo) segunda parte
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| El dueño del coche llegó para ir a trabajar. Lo vio tan lleno de nieve que se dijo, "no voy a trabajar, a joderse". Y se tomó esta última parte al pie de la letra. |
Por si acaso os perdisteis la primera parte y no queréis leerla de nuevo, os la resumo. Hubo un día en que, siendo yo un tierno infante, mis padres decidieron llevar a la "familia familiar" (mi hermano, mis padres y yo mismo) a esquiar. Como no había mucho tiempo (sólo fuimos un fin de semana) fuimos a Cabeza de Manzaneda, en la provincia de Ourense. Lo que prometía diversión comenzó no defraudando, tras perdernos al no entender las explicaciones que nos dio un señor que hablaba en un idioma muy raro, o cuando mi padre y yo descubrimos que nuestra "casa rural" era, en realidad, la funeraria del pueblo.
Al día siguiente, y tras una noche más bien escasa de sueño, madrugamos para ir a la estación de esquí. Pero madrugar en un pueblo en donde no se hay dónde desayunar es un handicap, así que para cuando conseguimos llegar a la estación de esquí, una vez finiquitado nuestro ayuno, eran casi las nueve. Cuando conseguimos alquilar nuestros equipos, casi las diez de la mañana. Así que cuando reservamos monitor, sólo quedaban libres para las cinco de la tarde.
Pero, ¿Quién dijo miedo?, allí estábamos dispuestos a triunfar. Todos menos mi madre, que la pobre tenía algo de jaqueca. Así que mientras íbamos haciendo cola para el telesilla mi hermano y yo, mi padre se quedaba cuidándola un momento. Con tan mala suerte que se apoyaron en un neumático que había requisado protección civil a algún suicida. Y fue justo en ese momento, con mi madre jaquecosa perdida, cuando la cámara del neumático que estaba a reventar de tan hinchada que iba, explotó. Al ladito de mis padres, con lo que si antes había jaqueca, luego ni os cuento.
Pese a ello, y una vez recuperada, nos subimos al telesilla. Yo no sabía nada de los telesillas, esos artilugios demoníacos que sirven para suicidarse. A quién se le ocurre que alguien que no sepa esquiar va a subirse en él con los esquíes puestos? A nosotros, por supuesto, no. Así que subimos con los esquíes en la mano y nos sentamos mi hermano y yo y, dos asientos más atrás, mis padres. En medio del recorrido, el telesilla empieza a bajar hacia el suelo. Y cada vez más. Y más. Y más. Y empezamos a arrastrar los pies. Y luego, las piernas enteras. Y entonces, fue justo entonces, cuando a mi hermano, mientras nuestras posaderas besaban el suelo, se le clavaron los esquíes en él, el telesilla empezó a subir, mi hermano quedó colgando de un brazo, y el pobre Zetita como podía y sin soltar sus esquíes ayudó al pobre Zetitabrother a subir, mientras, dos asientos más atrás, mis padres gritaban desesperados viendo a su churumbel hecho tortilla espachurrado contra el suelo. Una vez arriba, mi hermano sólo decía "lo perdí, lo perdí" y yo pensando, ay, que se quedó sin pie. "¿Qué perdiste?", pregunté todo preocupado, y él me dijo, "El esquí". Figuraos si nuestra fama surcó tierra y nieve, que cuando llegamos arriba pararon el telesilla para que bajásemos caminando, como si fueramos la familia real. Del dolor de cabeza de mi madre ya ni hablemos.
Descartados mis padres, mi hermano y yo decidimos sacar el autodidacta que llevamos dentro y empezar a aprender por nuestra cuenta y riesgo. Lo primero, ponerse los esquíes. Pero esto, como veo que se me prolonga, lo reservo para la tercera y, sin duda, mejor entrega de esta trilogía particular de nieve, sudor y lágrimas.
jueves, 21 de abril de 2011
Soy más VIP que Amancio Ortega
Claro, este título os chocará si sabéis quién es Amancio Ortega, fundador y principal accionista de Inditex, la matriz de tiendas como Zara, Massimo Dutti, Bershka, Pull & Bear (que yo siempre pensé que significaba algo así como "empuja y oso" y no tenía ningún sentido, hasta que un día me dí cuenta que es Bear y no beard, y la traducción viene siendo algo así como "tira y resiste" o lo que es lo mismo, ropa que aguanta que le metas tralla aunque es un título que le viene grande porque no es precisamente la de más alta calidad del grupo) y otras muchas. Y es que este post va a ser de lo más comercial que te puedas imaginar, y no porque nadie me financie.
Pero es que hace unos días ha abierto en Coruña el mayor complejo comercial y de ocio de España, y el tercero más grande de Europa. Sí, sí, como lo oís, esta ciudad liliputiense ha reunido en 200.000 metros cuadrados de superficie bruta alquilable (casi 500.000 construídos) de Marineda City (así se llama el sitio) unas doscientas tiendas, un Hipercor, el segundo Corte Inglés de la ciudad, un Bricor, el Ikea y un montón de cosas más (entre ellas la malograda tienda de PC City, que debe ser el Guiness de brevedad comercial puesto que abrió el día en que la multinacional anunciaba que se iba de España). En total, nada menos que 450 millones de inversión privada, que en los tiempos que estamos no es moco de pavo. Y claro, al abrir en vísperas de Semana Santa, se ha montado un atasco kilométrico, porque los maravillosos políticos que tenemos no han sido capaces de hacer, en tres años que llevan en obras en el complejo, los accesos comprometidos, y para llegar al lugar en cuestión (como a toda la ciudad, por otra parte) por una vía de alta capacidad hay que achuchar peajes, así que las carreteras que llevan hasta allá están colapsadérrimas. De hecho, ya nos ha afectado un par de ocasiones a Have a Nice Day y a mí camino de las playas de Arteixo, el ayuntamiento limítrofe, para ir a surfear, cosa que ahora resulta imposible.
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| la fuente jacuzzi, con sus chorros de agua... |
Y fue justamente con Have a Nice Day y con una amiga común más tuve una cena el martes a la noche (lógico, siendo una cena). Era llegar yo al complejo y encontrarme un atasco descomunal a la salida, pero como yo soy muy VIP, no he tenido que esperar nada. De hecho, me dí el lujo de perderme a la llegada, terminar empericotado en una montaña y dar vuelta, sin más retrasos que los meritoriamente obtenidos. Y después de cenar, fuimos de turisteo por el sitio que, hombre, es grande pero tampoco es agobiante, porque tiene unos pasillos grandes y unos muebles de diseño bastante chulos. Hasta las columnas son temáticas, para no perderse, supongo! Por no hablaros de esos baños que parecen sacados de una nave espacial (verás tú como no tardan en ponerse de moda para hacer cruising). Aunque para sentarse y sentirse a gusto, nada como las letras antiestrés tamaño gigante que hay en alguna de sus placitas. Fuentes, luz natural, cristaleras y pasillos amplios predominan en un complejo con tiendas grandes pero no agobiantes. Claro que eso pasa por ser de los pocos afortunados que han visitado el sitio sin el mogollón de personas que habitualmente pululan por él, pues en una semana lleva más de trescientos mil visitantes.
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| Se corrió el rumor de mi presencia y, a la salida, dejaron este detallito con mi nombre escrito... |
Tan exclusiva fue mi visita, que he podido pasear por allí a mi antojo, sin aglomeraciones de ningún tipo, mirando cómo en las tiendas ajustaban los últimos retoques, admirando el que va a ser nuevo diseño de las tiendas del grupo Zara (para que veáis qué bien informado estoy), y todo antes -y mejor- que el propio dueño, ya que no fue hasta ayer cuando Amancio Ortega se dejó caer por el mamotreto para "ver qué tal funciona esto". Así que ya veis, ahora si queréis ir de compras, tiendas, cines, bolera, golf, hotel, negocios, decoración, o simplemente a cenar a un sitio lleno de gente, podéis coger el coche, armaros de paciencia y venir a esta esquina del noroeste. Pero si sólo queréis cotillear cómo está diseñado, os dejo con una selección de fotos con comentarios rimados (me guardaré alguna para Stultifer y su blog, jajajaja, que será por escaleras...)
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| Una foto desde el hall de entrada. La cubierta es de cristal, una monada, jajajaja. |
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| Hay sofás y sillones de mil diseños. Aquí tenéis un ejemplo... |
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| ... los sillones barco, o, si lo preferís, sillones labio... |
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| ... y papeleras huevo para hacer juego |
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| ¿A que son huevos plateados? ¿Le gustarán a Thiago? |
martes, 19 de abril de 2011
Esquiando (o qué duro es besar el suelo), primera parte
Ahora que estamos en las vacaciones de Semana Santa y que la gente se dedica a atascarse durante horas en un coche camino de algún centro comercial recientemente inaugurado, es momento de plantearse una escapada a cualquier otro lugar apartado de la ciudad, respirar aire puro, y desconectar un poco de la rutina diaria. Bueno, eso si no tienes que trabajar hasta el viernes, como es mi caso, que la hipoteca no se paga sola y como total somos aún jóvenes hay que ir preparando un féretro de oro para nuestro funeral.
Porque hay que ver la afición que tiene la gente por irse de viaje a los sitios más insospechados. A cada cual más variopinto. Y sin complejos, oiga, que hasta el más fondón se cree un atleta de élite y se pone a hacer el mono enfundado en unas mallas, como si de un triatleta se tratase. Claro que luego pasa lo que pasa.
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| Porque mira que hay muñecos de nieve monos |
Viene todo esto a colación de la afición por los viajes a la nieve y a esquiar que se estila tanto por esta época. Algo que, personalmente, no entiendo. Lo más bonito de la nieve me parece que son las tres primeras horas después de una nevada, cuando puedes hacer un muñeco de nieve antes de que todo se llene de barro y las aceras se vuelvan impracticables. Y hacerse una foto para una postal en Navidad. Y tomarse un Colacao desde el salón de casa.
Pero para de contar. No sé si os ha cuadrado ver muchas nevadas. O sufrirlas, quiero decir. Pero a mí lo primero que me llamó la atención, cuando en tiempos vivía en sitios de nevadas, era lo incómodo que resultaba respirar. Porque claro, la lluvia cae a plomo, y siendo gallego uno casi nace con un paraguas en la mano y ya tiene casi escamas en la piel. Pero en el caso de la nieve, tan planita ella, tan aerodinámica, tan ligera, se mete por donde le da la real gana. Y cuando respiras, la real gana es por tus fauces. Así que no hay paraguas que te sirva de parapeto. Y esnifar nieve (nieve de la de verdad, no de la otra que eso es de idiotas en mi opinión, pero allá cada cual con sus cadacualadas) es un coñazo. Y no os quiero hablar de lo que es esquiar... porque esquiar, lo que se dice esquiar, lo he intentado una sóla vez en mi vida, y creo que ha sido suficiente.
Todo empezó con una feliz idea de mis padres, hace de esto muchos años. Como éramos pobres (no es que ahora seamos ricos, pero vaya) y vivimos en Galicia, donde llueve más que nieva, no teníamos opción de ir a una estación de potosí a ver la nieve, así que un fin de semana que nevó mucho fuimos a la estación de esquí de Cabeza de Manzaneda, que es la única de la comunidad autónoma y que debe tener medio kilómetro de pista siendo generoso. Y si en Galicia nos caracterizamos por algo, es por nuestras buenas comunicaciones. Sobre todo hace unos años, así que nos perdimos. Terminamos en Manzaneda, que es el pueblo que hay cerca de la estación, pero no es lo mismo ir a Barajas ayuntamiento que a Barajas aeropuerto, para que os hagáis una idea. Así que le preguntamos a un señor que, muy amablemente, nos explicó en un idioma que nadie entendió (y eso que todos somos galegofalantes!) lo que teníamos que hacer. Que si ir a la direita o a la esquerda o de frente, el caso es que una hora y media más tarde llegamos a nuestra "casa rural". Fuimos a cenar al único bar del pueblo, donde nos enteramos de que en realidad, la "casa rural" era la funeraria del pueblo, que en la planta de arriba tenía una vivienda en la que nadie quería vivir y la alquilaban por habitaciones para los pobres incautos de ciudad. Aunque eso hubo de ser mantenido en secreto entre mi padre y yo, porque sino ni mi hermanito ni mi madre hubieran dormido tranquilos.
Y así pasamos la noche, yo, pobre estudiante de tercero de ESO, pensando en los cadavéricos vecinos que aguardaban por recibir tierra una planta más abajo, mientras la emoción de ir a conocer la nieve le restaba horas al sueño que no conseguía conciliar. Al fín, a la mañana siguiente, fuimos a la estación de esquí, por llamarla de alguna manera.
Pero estoy pensando que tengo tantas anécdotas para contar de ese día que mejor termino mañana. Así que hala, ahí os dejo que tengo mucho trabajo.
lunes, 18 de abril de 2011
Surfing days (o estoy feliz, muy feliz, tan feliz)
Comentaba hoy con Have a Nice Day que hace dos años no habría podido creerme que terminaría haciendo surf un día cualquiera. O bueno, esa cosa que nosotros hacemos y que algún día podrá llamarse surf. Aunque lo de "un día cualquiera" es mucho decir, porque menudo mes que llevamos, hoy mismo a las nueve y media de la noche, a 22 grados centigrados y un solete de justicia. Así que hoy ha sido un día de surf y risas, que está bien, sobre todo para compensar que por culpa de tanto trabajo que tenía pendiente tuve que suspender un viaje y todo.
| No hace justicia al día que hizo, pero ya era casi noche |
La verdad que esto del surf es una gozada. Bueno, al menos lo que lo rodea. El primer día que surfeamos entre delfines, por ejemplo. O la primera ola que pillamos. Y la primera vez que consigues ir a donde quieres y no a donde le da la gana a tu tabla o al mar. Y el irse de viaje de un sitio al otro en busca de buenas olas, pero sin pasarse, que somos aún muy mantas. Ir descubriendo nuevas aguas, ir escuchando nuevas canciones, riéndonos del mundo y de nosotros mismos, y haciendo casi más enemigos que amigos porque los pros suelen mirarnos con cara de besugo cuando nos ponemos a hacer el payaso montados en el pico de una olaza que hace que se nos pongan los huevos de corbata.
Porque de los huevos también hay que hablar, y no veas cómo. Que si es bonito el surfear, también es sacrificado. Y no, no hablo del esfuerzo físico, que al fín y al cabo te deja un cuerpo de lo más trabajado. Ni del frío que pasas en invierno. Ni de cuando estás en el trabajo y se te cae un alga del pelo, jajajajaja. O cuando en vez de nadar entre delfines terminas con un tiburón de compañero. Todo eso no dejan de ser meras anécdotas. Lo duro, lo realmente doloroso, es cuando te emocionas, remontas una ola con toda tu gana, y al sentarte en la tabla... te espachurras un huevo, que no veas lo que jode, pese al poco uso que les doy, jajajaja, que no es lo mismo estar jodido que jodiendo. Y es que no estamos anatómicamente preparados para esto de surfear, la verdad. Así que sí, mejor llevarlos de corbata que no de funeral.
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| Parafina retirada de la tabla, que me ha dejado un dedo espachurrado de tanto rascar. Todo listo para un nuevo día de olas! |
Y, ya para terminar el día, después de un helado y un par de fotos al final del día, llegar a casa y limpiar el traje, dejar la tabla al sol de la terraza y, después de un rato, quitarle la parafina para dejarla preparada, lista y ya para el próximo día de mar y sol que el destino nos quiera deparar. Gracias por la tarde, Have a Nice Day!
PD: Hay una canción que cantó hoy Have a Nice Day en medio del mar, y que decía que le sonaba a Calimero, pero como yo le dije, eso es imposible, porque la canción decía "estoy muy feliz, tan feliz, tan feliz..." y Calimero y feliz en la misma frase no se pueden combinar si no añades un in- delante. Hace apenas diez minutos, he recibido vía mensaje de Have a Nice Day el enlace a la canción esa, de una serie paleozoica llamada Alfred j. Kwak o algo así. Y no va la tía y me dice que me parezco a ese pato? Pues será por la pluma... jajajajaja. Y no, no es una sección de "asi me vieron", que luego Thiago me dice que le copio por tener la letra del blog en color azul. Si es que...
sábado, 16 de abril de 2011
Suicidando la informática
El miércoles estuve media mañana yendo de la Ceca para la Meca porque a primera hora uno de los aparatos con los que trabajo dijo "adios, mundo cruel", y empezó a verse todo en color azul. En realidad, al principio pasó a una gama de azules, al estilo de la vetusta consola de Nintendo (bueno, aquella era en verde), la Game Boy, pero paulatinamente de la gama de azules pasé al azul monocromático, y yo que ya sabéis que no tengo el azul por mi color favorito, me desesperaba viendo -o, mejor dicho, dejando de ver- cómo el caos se cernía sobre mi jornada laboral. Finalmente, mi jefe me cambió de puesto de trabajo, y terminé enrevesándome con millones de libros porque me pusieron a hacer una cosa muy complicada de la que todo el mundo se escaqueaba. Al siguiente día, y con el técnico pendiente de venir, volví a encender mi aparato, y el muy cerdo funcionaba a la perfección, menos mal que después de una hora volvió a ponerse en "modo pitufo" y cuando llegaron a repararlo todo estaba más azul que la tinta de un boli (de un boli azul, claro). Así que, mientras estaban reparándolo, me cambiaron de aparato y me pasé media mañana haciendo mi trabajo en un recuncho allí arrinconado que yo creo que me secuestran y tardan en enterarse cuatro días. Pero para eso, claro, antes tendrían que encontrarme y seguramente hasta los secuestradores se perderían por el laberinto de pasillos antes de llegar a donde yo estaba.
Y diréis vosotros, pues vaya chorrada. Pero no, no lo es. Porque yo estoy convencido que tengo un toque especial para desintegrar la informática. Ya me viene de pequeño, de un día que me puse a fuchicar en el ordenador de mi padre y, nadie se explicó nunca cómo, llegué a una ventana en la que pulsé "cancelar" porque mi inglés no daba para más por aquella época (no es que ahora dé para mucho tampoco, pero bueno) y teóricamente, darle a cancelar era lo que aseguraba no cargarse nada. Pues no sólo me lo cargué, sino que terminaron teniendo que formatear todo el disco duro para poder volver a hacerlo funcionar.
Viene todo esto a cuento de que se me ha jodido el mail. Y ademas de un modo curioso. Tan pronto funciona, como no. De las actualizaciones de blogs en los que he comentado, no me llega ninguna. Sin embargo, de tatojimmy recibo todos sus posts, ahora que se ha tenido que mudar de servidor. Para confirmar el desastre, ayer me envié un mail desde otra cuenta mía de correo y, no lo recibí. Desesperado, más triste que una sopa de apio, se lo comenté a Stultifer, que me envió otro mail y, oh, sorpresa, ese sí lo recibí. Así que parece claro que mi mail selecciona los mails que le parecen interesantes y los que no, no los recibe.
Que, hombre, la verdad está muy bien para evitarse el spam y eso, pero ahora me queda la duda... será que le caigo mal a mi mail y por eso no recibí mi propio envío?
jueves, 14 de abril de 2011
El viaje que no fué
Pudo haber sido este fin de semana, pero al final no será. Porque tengo demasiados frentes abiertos. Porque tengo demasiado trabajo. Demasiadas charlas pendientes de dar en demasiado poco tiempo. Demasiado surf que aprender, demasiados kilómetros que recorrer para un viaje de tres días y, al regresar, seguir con una intensiva jornada laboral en la que tengo que trabajar 49 horas en otros tres. Demasiado cansancio acumulado. Demasiados artículos que debo leer y para los que se me agota el tiempo.
Así que adios, Madrid, adios. La propuesta de viaje que esperaba y que se ha concretado hace apenas unas horas ha llegado demasiado tarde. O yo he llegado demasiado atareado a ella. El caso es que ya no sólo es porque no me gusta nada viajar con una pareja, cosa que siempre me hace sentir como un jueves (probablemente sea defecto mío dado que nunca he tenido pareja, o eso me dice la gente, pero qué queréis, yo me siento así!). Es por pura logística. Tendríamos que reunirnos en algún sitio intermedio y dejar algún coche a la intemperie dos días y pico. O ir dando un rodeo y aumentar en una hora más un viaje que ya de por sí dura casi siete horas. Para que luego me digan que el AVE a Galicia no hace falta, si voy en tren tardo casi diez horas (si no se escaralla la locomotora diesel, que esa es otra, jajaja). Pillándome un avión llego antes a la República Dominicana que en cualquier otro medio a la capital de mi país. Ayyyyyyyyyy
Boh, me va a salir un post deprimente porque estoy triste, porque me siento como durante toda mi época de estudiante, dejando de lado lo que me apetece por hacer las cosas que debo hacer. Y sí, sé que podría haber ido, sé que me lo pasaría bien, pero eso no cambia el hecho de que si hubieramos sido tres en el viaje, yo sería el impar, y estoy seguro de que terminaría sintiendo que obligaba a los pares a hacer cosas conmigo por no dejarme solo. Y esa es una sensación que no soporto.
Así que quedará pendiente de otra oportunidad el viaje a Madrid. Al fín y al cabo, algún día tendré que entrar a ver el Templo de Debob!. Y ahora me voy a consolar viendo blogs ajenos mientras me tomo un yogur con fresas. Porque al menos ese capricho me lo voy a dar :P
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