Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de octubre de 2011

Fiestaaa!

     Bueno, visto el éxito de mis nuevos cambios y el mal gusto que prolifera por mis lectores, he decidido cambiar un par de detalles para hacer más legible mi blog. Digo yo que para cuatro pelagatos que me leéis aún, tendré que haceros cosas, digo caso. Pero luego cuando a Lady Gaga le dé por poner de moda la letra verde fluorescente, que nadie olvide que yo fuí un visionario! Aunque, si os soy sincero, para visionaria la autora de la mitad de los tocados que llevaban las invitadas en la boda a la que fuí el fin de semana pasado. Ha debido aniquilar los gallineros de cincuenta kilómetros a la redonda, porque en las cabezas de aquellas damas había más pluma que en alguno de los pubs que frecuento.
     Y es que esto de las fiestas populares es lo que tiene, que uno se pavonea de lo que tiene y de lo que pretende tener, y entre eso y el alcohol a espuertas todo termina en una orgía de sonrisas y lágrimas -y, a veces, de orgía a secas, pero ese no ha sido el caso, que ya tocaba reivindicar la asexualidad-.La verdad que no sé si vosotros tenéis un pueblo al que ir de fiesta en verano, pero si no lo tenéis es una experiencia que no deberíais perderos. Porque el mundo de las fiestas puebleriles es como un ecosistema completo. 

     Por si acaso, os invito a que revivais conmigo uno de los días de fiesta en el pueblo de mi madre, que últimamente está desconocido porque la autovía le pasa al lado y están todos revolucionados pensando si pedir que les instalen un semáforo, aunque les da miedo a las autoridades concedérselo por si se atasca mucho la circulación cuando crucen las vaquiñas de un prado al otro, carretera nacional por medio. 
     Una de las cosas que encuantras siempre en cualquier fiesta es la panda de los escolióticos, que como su nombre indica tienen la espalda retorcida de tanto apoyar el codo en la barra del bar. Esos, la verdad, no requieren muchos mimos por parte de la Comisión de Fiestas, da lo mismo que lleven a Pepito Pérez que a David Bisbal, son fijos y su único movimiento es el de flexión del codo y apertura de mandíbula. (Vale, también debería añadir el movimiento baja la bragueta y me pongo a mear, porque de lo que se come -o bebe- se cria...). Así que da igual si llegas pronto o tarde, siempre están allí, como estaban cuando nosotros llegamos. La música sonaba mientras con un ojo peleábamos por encontrar un hueco en la barra donde servían empanadas y bollos preñaos, y con el otro intentábamos calcular en qué momento rompería a llover, porque este año el mes de agosto fue tan limpio que todos los días nos duchaba. 

     Una vez agotado el momento vianda, y ya con el combustible relleno, llegó el momento de los epilépticos y termomíxicos, que bailan como si no hubiera un mañana, y les da lo mismo que suene una polca que un himno nacional. Eso sí, cada uno con su ritmo, lo más frecuente es que se acompasen con cadencia de bachata dos-pasitos-derechos-un pasito-izquierdo y así circulen por la pista de baile. En esas estábamos cuando una de mis tías me sacó a bailar, porque sí, en el pueblo de mi madre te sacan a bailar quieras o no, que para cuatro que somos no nos queda otra que hacer bulto, y más ahora que tenemos tanto tráfico rodado. Así que ahí que fuimos, mi tía y servidor a la dura jungla de la pista de baile.

     No recuerdo bien si fue cuando sonaba el "soy minero" o "el emigrante",. pero no puedo olvidar el susto que se reflejaba en la cara de mi tía cuando Maruja, una de las representantes de los termomíxicos, entró en trance. Girando como una peonza se dirigió hacia nosotros, y la pista entera de baile se vió envuelta en una especie de agujero negro que ríete tú de Stephen Hawkin. El resultado: todos por el suelo, medias rotas y peinados trastocados.

     Aunque, si hubo un momento estelar, fue cuando al hijo del panadero (un auténtico bollito, pero no porque esté bueno, sino por lo que engordan) le dio por creerse modelo de calzoncillos y empezó a despelotarse. La gente jaleándolo, lo cual demostró que yo no soy gente sino otra cosa, y el bollito estaba en paños menores en apenas un minuto. Menuda pelambrera. Si un piojo cae en su piel, muere de sobredosis. 

     En fín, podría seguir pero me reservaré otras anécdotas para un día mejor. Porque, realmente, una fiesta de pueblo puede ser muchas cosas. Pero quien vaya a una y no se deje llevar por su magia, no sabe lo que se pierde. O es que, sencillamente, no se sabe divertir.

jueves, 7 de julio de 2011

Ladillas

     Hablaba hoy con una compañera de trabajo de la depilación masculina cuando me acordé de ellas. Le explicaba a esta buena mujer que hacerse la cera en los huevos no parecía muy sensato, salvo que quisieras terminar arrastrándolos por el suelo. Y entonces se me vino a la cabeza mi primera vez. El día en que yo, sí, yo, tuve ladillas. Y no me refiero al típico plasta que se te adosa como pegamento, no, hablo de esos bichitos marrones que se te enganchan a los pelos y que no hay quien se quite de encima fácilmente.

     Porque sí, debo confesarme, las he tenido. Pero no siempre es cierto eso de que sarna con gusto no pica, porque esta sarna picó pero de gusto nada, que yo, os puedo asegurar, no me había acostado con nadie en el año previo o así. Digamos que fueron una especie de souvenir inesperado de un Interrail de dieciocho días, durmiendo de albergue en albergue y de cama en cama. Nada de sexo, de alcohol sólo unas cervezas, y si me apuras un porro por eso de haber llegado a Holanda, pero nada más. Echando cuentas hacia atrás, creo que el regalito me lo debieron dar allá por Luxemburgo, qué majos ellos con su Duque y sus murallas. 

     El caso es que las pobres liendres andan de capa caída desde que se pusieron de moda las ingles brasileñas. En realidad, para vuestra ingormación, os diré que hay tres tipos de piojos en el cuerpo humano, tan especializados que se dividen por regiones anatómicas, dado que no es lo mismo el cabello que el vello y que el vello púbico, tales son los tres subtipos de piojos que hay. Mi compañera, de hecho, que esta más puesta según se ve, me dijo que incluso ni siquiera los piojos de la gente de raza negra pueden afectar a los de raza blanca, dado que su cabello es más rizo y grueso, y sencillamente, en los de raza blanca, se resbalan las pobres. 

     Así que estos artrópodos de miniatura, con tanto quitame de ahí esos pelos, están en peligro de extinción. Que no sé yo si será una gran pérdida genética, pero teniendo en cuenta que no aportan ninguna utilidad conocida al equilibrio del universo, tampoco pasará gran cosa si se extinguen del todo. Aquí fue donde nos surgió la gran duda, porque en buena lógica los ecologistas más recalcitrantes dirán que es un patrimonio genético que se pierde y todo eso, pero la solución que se me ocurre es que se pongan a defender a las pobres ladillas dándoles cobijo en sus pelos más íntimos. Ya me estoy imaginando a los de Greenpeace con letreros tipo "salvemos a las ladillas!". Aunque dada la incomodidad de tenerlas, supongo que lo mejor será establecer turnos rotatorios de, no sé, digamos un par de meses, porque en menos tiempo no sé yo si el pelo crecerá lo suficiente como para que las pobrecitas se nutran a gusto. 

     Y es que no sé si las habréis tenido, pero os puedo asegurar que no es plato de gusto. Al regreso de mi viaje, y tras unos diez o quince días, una noche me despertó un dolor punzante, casi un prurito pero más intenso, como un pellizco que te puedas dar con una cremallera, y encendí la luz. Y allí, en medio de mi pelambrera -hoy día bastante más podada gracias a la Body groomer y a la cuchilla de afeitar- estaba aquella cosa de color marron, una especie de arañita pequeña, pequeña, subiendo por uno de mis pelos cual Koala a un cocotero. No sé qué susto se llevaría él (o ella, vaya usted a saber) pero desde luego el mío fue de aúpa. Al día siguiente, armado de paciencia y tras consultar al médico, me dediqué a decirle adios a todo mi pelo desde las cejas para abajo. Aunque, ahora que ya soy experto, os diré que también crecen las hijas de puta pobres en una ceja si caen en tal terreno.

     Y así fue como surgió la gran duda... alguien más en este mundo ha sufrido un episodio similar, o es que realmente soy Bridget Jones y me estoy entrando ahora?

miércoles, 6 de julio de 2011

San Juan en Coruña

     Ya, ya, ya sé que casi medio mundo celebra el rito de la noche de San Juan. Y también sé que os importará un pepino (pobre hortaliza, que parecía una nimiedad y menuda la que se ha montado por su culpa), pero como este blog es personal e intransferible, os voy a contar un poco qué es lo que se hace en la noche de San Juan, en Coruña. Para que lo sepáis y ya os vaya quedando clarito, en mi ciudad el San Juan es la fiesta más importante del verano, y no es festivo. Eso supongo que será por las absurdeces de mi tierra, que luego tenemos un festivo (bueno, tienen, que yo no trabajo en Coruña) que es el de la virgen del Rosario, parece ser que por librarnos de una plaga en el medievo, la peste o algo de eso.

No es una pasada la de hogueras que hay esa noche?
     Nombrada fiesta de interés turístico nacional desde hace un porrón de años (y camino del internacional, supongo) lo característico en esa noche del 23 de junio es reunirse con los amigos en una de las playas de la ciudad a hacer una hoguera y pasar la noche alrededor de ella. Así es que se juntan en las playas de Riazor, Orzán y Matadero (están las tres juntas, en el centro de la ciudad) más de cien mil personas y claro, entre el calorcito de las hogueras y el humo acaba la mitad de la gente sin camiseta y tal. Pues anda que no habrán surgido historias en esa noche más corta del año! Es todo muy idílico y bucólico, y hay quien además de saltar la hoguera el número de veces que te diga el de al lado (porque hay versiones de una, tres, cinco, siete veces, y a partir de ahí ya queda para deportistas de élite) se dedica a saltar las olas a la mañana, se decía antiguamente que para quedarse embarazada las mujeres que tenían problemas de fertilidad (y luego resultaba que la mitad de las veces la culpa era del marido, pero en fín...).

Aquí nuestra hoguera. Vaya churro. Aunque la foto me chifla
     Aunque últimamente es más un macrobotellón que otra cosa, la mayoría de la gente lleva la cena para hacer en las brasas, bien sea una parrilla, bien las típicas y estratosféricamente caras sardinas que esos días se ponen por las nubes. Hay, de hecho, un refrán gallego que reza que "polo San Xoán, a sardiña molla o pan" dado que es lo más típico tomar la sardina a la brasa en una base de rodaja de pan de maíz, que la verdad está muy bueno (aunque las sardinas a mí no me gustan nada con tanta espina y tanta escama).

      Este año yo me pedí el festivo en el trabajo para no tener que madrugar el 24, e invité a un par de primos míos con los que terminé saliendo. Tontearon con los de las hogueras de al lado para aasí conseguir madera (en San Juan y en Carnavales son las únicas fechas del año en que los coruñeses y coruñesas, coruñesos en general, se vuelven personas normales y se puede hablar con un desconocido sin que piensen que los vas a violar) porque llevábamos una mierda de cajas de fruta que eran como papel de fumar. Luego, cuando mis amigos se tuvieron que ir a dormir porque trabajaban el día siguiente, yo salí con mis primos. Terminé liándome con un chico de piercing en la lengua y llevándome a mi primo a casa a dormir una hora antes de que él tuviera que salir a hacer un examen. Y digo bien, mi primo, porque el otro desapareció y no volvimos a saber de él hasta el día siguiente. Todo un poco lamentable, soy consciente, pero qué demonios, una vez al año... no hace daño, jajaja.

en primer plano, un desconocido dejándonos su río dorado en la orilla del mar. Todo muy bucólico, lo dicho.

     Luego llegó el pasado fin de semana e hice lo propio con otro yogurín. En fín, que no aprenderé nunca...

     Sólo para que conste en acta, es casi un milagro que no pasen desgracias esa noche. De hecho este año ha habido dos muertos, pero como este es un blog de positivismo, no daré detalles escabrosos, que los hay. Quien quiera enterarse de más, sólo tendrá que buscarlo en internet.

     Eeeeen fín, que el año que viene San Juan cuadra en sábado... quién se apunta? XD

sábado, 23 de abril de 2011

Esquiando (o qué duro es besar el suelo) tercera y última parte

Resumen de las anteriores entregas: El joven Zetita y su familia familiar (padres y hermano) fueron en una ocasión a esquiar. Como domicilio, la funeraria del pueblo, como aperitivo, un neumático que reventó al lado de sus padres que descansaban para mejorar de una jaqueca mañanera, y un accidentado viaje en telesilla. La aventura continúa con el momento clave en el que empiezan los momentos lamentables del día: colocándose los esquíes.


     Porque eso de ponerse un par de esquíes tiene mucha más complicación de la que podáis pensar. Sobre todo hay que aplicar la lógica aplastante pura. ¿En qué consiste eso? Básicamente en conocer la ley de la gravedad. Esa que dice que todo cuerpo que está arriba tiende a ir hacia abajo. Y por el camino más corto posible. Así que si te pones los esquíes y empiezas a ver a la gente de tu espalda pasar cada vez más rápido hacia delante, no significa que ellos se muevan, sino que tú has sido tan idiota de ponerte de espaldas a la pendiente. Y si es una pendientecilla, no pasa nada. Pero si estás a punto de salirte de las pistas y terminar despeñado, lo mejor que puedes hacer es tirarte con la mayor dignidad posible antes de morir hecho picadillo. Así que el bueno de Zetiña fue lo que tuvo que hacer, e hizo.

     Ese fue el primer momento indigno del día. El segundo, fue cuando, correctamente posicionado con la nariz mirando al infinito, comencé a bajar por una pendiente tan poco pendiente que parecía llanura. Y mis piernas empezaron a separarse centímetro a centímetro, cual cervatillo recién nacido, hasta que terminé haciendo mi versión particular del espagat aunque, milagrosamente, no me espanzurré los huevos con la nieve porque me caí de culo, en lo que constituyó el segundo momento indigno del día.

     Y era más indigno en tanto en cuanto mi hermanito ya se movía por la nieve como si hubiera nacido del hombre de las nieves. Allí estaba yo, peleándome con el equilibrio (en lo que constituyó un entrenamiento que me vino muy bien para mis noches de juerga, años más tarde) mientras él subía y bajaba por pendientes imposibles para mi sobrepeso.

     A la hora de comer, y tirando de bocata, lo único que vendían en lo alto de la montaña (todo con tal de no volver a pisar aquel telesilla suicida) mi padre se encontró con una señora estupenda de la muerte a la que conocía que nos vino a decir que ella claro, llevaba mil años esquiando y lo hacía superbien. Justo antes de lanzarse toda pizpireta montaña abajo y llevarse un leñazo morrocotudo con otro suicida de esos que esquían, en lo que supuso el momento de dignidad ya que me quitó parte de la carga de indignidad del día.

     Aunque lo divertido (e increíble) fue cuando el señor monitor -que estaba de muy buen ver, debo añadir- nos empezó a dar clases, nos habló de la cuña, e hizo un ejemplo práctico torciendo la rodilla hacia la derecha y girando a la derecha, luego a la izquierda y girando a la izquierda, luego a derecha y todo él se iba a la derecha, y de nuevo a la izquierda y paró en un telesky para subir de nuevo. Después fue mi hermano, que hizo lo mismo, gira a derecha y se va a la derecha, gira a la izquierda y se va a la izquierda, gira a la derecha y se va a la derecha, gira a la izquierda y se va a la izquierda, y se para, Vítores del monitor, sonrisa de satisfacción de mi hermano. Cara de pavor de Zetiña, que se lanza como un miura desbocado, gira a la derecha, y el cuerpo a la derecha, gira a la izquierda, y el cuerpo a la izquierda, esto-está-chupado-menuda-chorrada, gira a la derecha y el cuerpo a la derecha, gira a la izquierda y EL CUERPO A LA DERECHA, gira más a la izquierda  Y EL CUERPO A LA DERECHA... UNOS PALOS SE ATISBAN EN EL HORIZONTES, GIRA A LA IZQUIERDA, Y SIGUE EL CUERPO A LA DERECHA, PALO A LA IZQUIERDA, PALO A LA DERECHA, ZETIÑA EN MEDIO DE LOS DOS Y SE LANZA... Al infinitio y  más allá.

     El tercer momento indigno del día terminó con el monitor llorando de la risa, y Zetiña rojo de vergüenza, con una tapa de alcantarilla abierta y un moratón en mi nalga derecha.

     Por razones como ésta, supongo, no volví a intentar esquiar por ahora. Y no amenazo con volver, jajajajaja.

viernes, 22 de abril de 2011

Esquiando (o qué duro es besar el suelo) segunda parte

El dueño del coche llegó para ir a trabajar. Lo vio tan lleno de nieve que se dijo, "no voy a trabajar, a joderse". Y se tomó esta última parte al pie de la letra.
     Por si acaso os perdisteis la primera parte y no queréis leerla de nuevo, os la resumo. Hubo un día en que, siendo yo un tierno infante, mis padres decidieron llevar a la "familia familiar" (mi hermano, mis padres y yo mismo) a esquiar. Como no había mucho tiempo (sólo fuimos un fin de semana) fuimos a Cabeza de Manzaneda, en la provincia de Ourense. Lo que prometía diversión comenzó no defraudando, tras perdernos al no entender las explicaciones que nos dio un señor que hablaba en un idioma muy raro, o cuando mi padre y yo descubrimos que nuestra "casa rural" era, en realidad, la funeraria del pueblo.

     Al día siguiente, y tras una noche más bien escasa de sueño, madrugamos para ir a la estación de esquí. Pero madrugar en un pueblo en donde no se hay dónde desayunar es un handicap, así que para cuando conseguimos llegar a la estación de esquí, una vez finiquitado nuestro ayuno, eran casi las nueve. Cuando conseguimos alquilar nuestros equipos, casi las diez de la mañana. Así que cuando reservamos monitor, sólo quedaban libres para las cinco de la tarde.

     Pero, ¿Quién dijo miedo?, allí estábamos dispuestos a triunfar. Todos menos mi madre, que la pobre tenía algo de jaqueca. Así que mientras íbamos haciendo cola para el telesilla mi hermano y yo, mi padre se quedaba cuidándola un momento. Con tan mala suerte que se apoyaron en un neumático que había requisado protección civil a algún suicida. Y fue justo en ese momento, con mi madre jaquecosa perdida, cuando la cámara del neumático que estaba a reventar de tan hinchada que iba, explotó. Al ladito de mis padres, con lo que si antes había jaqueca, luego ni os cuento.

     Pese a ello, y una vez recuperada, nos subimos al telesilla. Yo no sabía nada de los telesillas, esos artilugios demoníacos que sirven para suicidarse. A quién se le ocurre que alguien que no sepa esquiar va a subirse en él con los esquíes puestos? A nosotros, por supuesto, no. Así que subimos con los esquíes en la mano y nos sentamos mi hermano y yo y, dos asientos más atrás, mis padres. En medio del recorrido, el telesilla empieza a bajar hacia el suelo. Y cada vez más. Y más. Y más. Y empezamos a arrastrar los pies. Y luego, las piernas enteras. Y entonces, fue justo entonces, cuando a mi hermano, mientras nuestras posaderas besaban el suelo, se le clavaron los esquíes en él, el telesilla empezó a subir, mi hermano quedó colgando de un brazo, y el pobre Zetita como podía y sin soltar sus esquíes ayudó al pobre Zetitabrother a subir, mientras, dos asientos más atrás, mis padres gritaban desesperados viendo a su churumbel hecho tortilla espachurrado contra el suelo. Una vez arriba, mi hermano sólo decía "lo perdí, lo perdí" y yo pensando, ay, que se quedó sin pie. "¿Qué perdiste?", pregunté todo preocupado, y él me dijo, "El esquí". Figuraos si nuestra fama surcó tierra y nieve, que cuando llegamos arriba pararon el telesilla para que bajásemos caminando, como si fueramos la familia real. Del dolor de cabeza de mi madre ya ni hablemos.

     Descartados mis padres, mi hermano y yo decidimos sacar el autodidacta que llevamos dentro y empezar a aprender por nuestra cuenta y riesgo. Lo primero, ponerse los esquíes. Pero esto, como veo que se me prolonga, lo reservo para la tercera y, sin duda, mejor entrega de esta trilogía particular de nieve, sudor y lágrimas.

martes, 19 de abril de 2011

Esquiando (o qué duro es besar el suelo), primera parte

     Ahora que estamos en las vacaciones de Semana Santa y que la gente se dedica a atascarse durante horas en un coche camino de algún centro comercial recientemente inaugurado, es momento de plantearse una escapada a cualquier otro lugar apartado de la ciudad, respirar aire puro, y desconectar un poco de la rutina diaria. Bueno, eso si no tienes que trabajar hasta el viernes, como es mi caso, que la hipoteca no se paga sola y como total somos aún jóvenes hay que ir preparando un féretro de oro para nuestro funeral.

     Porque hay que ver la afición que tiene la gente por irse de viaje a los sitios más insospechados. A cada cual más variopinto. Y sin complejos, oiga, que hasta el más fondón se cree un atleta de élite y se pone a hacer el mono enfundado en unas mallas, como si de un triatleta se tratase. Claro que luego pasa lo que pasa.

Porque mira que hay muñecos de nieve monos
     Viene todo esto a colación de la afición por los viajes a la nieve y a esquiar que se estila tanto por esta época. Algo que, personalmente, no entiendo. Lo más bonito de la nieve me parece que son las tres primeras horas después de una nevada, cuando puedes hacer un muñeco de nieve antes de que todo se llene de barro y las aceras se vuelvan impracticables. Y hacerse una foto para una postal en Navidad. Y tomarse un Colacao desde el salón de casa.

     Pero para de contar. No sé si os ha cuadrado ver muchas nevadas. O sufrirlas, quiero decir. Pero a mí lo primero que me llamó la atención, cuando en tiempos vivía en sitios de nevadas, era lo incómodo que resultaba respirar. Porque claro, la lluvia cae a plomo, y siendo gallego uno casi nace con un paraguas en la mano y ya tiene casi escamas en la piel. Pero en el caso de la nieve, tan planita ella, tan aerodinámica, tan ligera, se mete por donde le da la real gana. Y cuando respiras, la real gana es por tus fauces. Así que no hay paraguas que te sirva de parapeto. Y esnifar nieve (nieve de la de verdad, no de la otra que eso es de idiotas en mi opinión, pero allá cada cual con sus cadacualadas) es un coñazo. Y no os quiero hablar de lo que es esquiar... porque esquiar, lo que se dice esquiar, lo he intentado una sóla vez en mi vida, y creo que ha sido suficiente.

     Todo empezó con una feliz idea de mis padres, hace de esto muchos años. Como éramos pobres (no es que ahora seamos ricos, pero vaya) y vivimos en Galicia, donde llueve más que nieva, no teníamos opción de ir a una estación de potosí a ver la nieve, así que un fin de semana que nevó mucho fuimos a la estación de esquí de Cabeza de Manzaneda, que es la única de la comunidad autónoma y que debe tener medio kilómetro de pista siendo generoso. Y si en Galicia nos caracterizamos por algo, es por nuestras buenas comunicaciones. Sobre todo hace unos años, así que nos perdimos. Terminamos en Manzaneda, que es el pueblo que hay cerca de la estación, pero no es lo mismo ir a Barajas ayuntamiento que a Barajas aeropuerto, para que os hagáis una idea. Así que le preguntamos a un señor que, muy amablemente, nos explicó en un idioma que nadie entendió (y eso que todos somos galegofalantes!) lo que teníamos que hacer. Que si ir a la direita o a la esquerda o de frente, el caso es que una hora y media más tarde llegamos a nuestra "casa rural". Fuimos a cenar al único bar del pueblo, donde nos enteramos de que en realidad, la "casa rural" era la funeraria del pueblo, que en la planta de arriba tenía una vivienda en la que nadie quería vivir y la alquilaban por habitaciones para los pobres incautos de ciudad. Aunque eso hubo de ser mantenido en secreto entre mi padre y yo, porque sino ni mi hermanito ni mi madre hubieran dormido tranquilos.

     Y así pasamos la noche, yo, pobre estudiante de tercero de ESO, pensando en los cadavéricos vecinos que aguardaban por recibir tierra una planta más abajo, mientras la emoción de ir a conocer la nieve le restaba horas al sueño que no conseguía conciliar. Al fín, a la mañana siguiente, fuimos a la estación de esquí, por llamarla de alguna manera.

     Pero estoy pensando que tengo tantas anécdotas para contar de ese día que mejor termino mañana. Así que hala, ahí os dejo que tengo mucho trabajo.

jueves, 3 de marzo de 2011

Eurovision 2011

     Bueno, bueno, bueno, supongo que a la mitad de vosotros no os gustará ni un poco Eurovisión, y el 25% lo aborreceréis, pero como aún queda una cuarta parte de los lectores de este blog y, además, yo puedo poner en él lo que me dé la real gana (sólo faltaba!), os diré que ya se van conociendo canciones que van a representar a países y este año, la cosa promete competición y risas.

     Mi pandilla y yo somos seguidores de Eurovisión desde que un buen año (esto creo que ya lo comenté una vez) a los de Lordi se les ocurrió ir allá con sus caretas y sus hachas (y unas alas incluídas!) a canturrear el "Hard Rock aleluyah" que, a la postre, los hizo ganadores. Yo tengo algunos amigos heavys y estaban que no meaban del gusto así que el año siguiente, y todos desde entonces, nos reunimos en su casa y hacemos nuestras apuestas previas (incluso a veces llevamos fotos de nuestros favoritos, que somos muy chic y así nos hacemos un photocall como mandan los cánones), De ahí viene el descubrimiento de Sakis Rouvas, por ejemplo, que con su interpretación de "This is our life" o "mira cómo molo mientras rompo mi camiseta" dejó varias bocas abiertas y mucha hormona en el ambiente.




 
     Pues resulta que este año, decía, la cosa promete. Por un lado porque regresan países que hacía años lo había dejado por el compadreo de los países del Este. Esta es la razón de que, si consigue ganar el Festival de San Remo, Raquel del Rosario pueda ser la representante de Italia en el ESC 2011 que tendrá lugar en Düseldorf (espero haberlo escrito bien) allá por mayo. Se ve que tiran mucho los del Ferrari, jeje.




 
     Pero, además, en Düseldorf (que para los que no lo sepáis está en Alemania, que este es un blog que enseña a la par que entretiene) va a suceder un hecho poco frecuente y otro, creo, insólito. Porque por un lado, la ganadora del  pasado año, una tal Lena que consiguió triunfar con su "Satellite" con una coreografía que parecía que se estaba meando (fue una actuación un poco de karaoke, la verdad), se vuelve a presentar de nuevo para intentar revalidar su título. Y, por otra parte, la ganadora de Eurovisión del año 98 (o eso creo), probablemente una de las más famosas por lo controvertido de su persona y por el hermoso y pegadizo tema que llevó representando a su país (Israel) puede convertirse de nuevo en la representante para este año si triunfa en un concurso para elegir entre otros nueve candidatos más, y que tendrá lugar el día 8 de este mes. Hablo, como supongo que muchos ya habréis supuesto, de Dana Intenational, la primera (y, hasta el momento, única) cantante transexual que se presentó y arrolló en el concurso, con una puesta en escena bastante simple pero, obviamente, efectiva, y con un diseño de Gaultier lleno de plumas arcoiris, todo muy poco tópico, como se ve, jajaja.




 
     Tanto fue el éxito de esta hermosa señorita (hoy algo más crecidita pero igualmente impresionante de guapa) que incluso se rumoreó en su momento con la posibilidad de que se integrase en las Spice Girls, que de aquellas estaban en pleno auge y acababan de sufrir la baja por sorpresa de Geri Halliwell (que no tiene parentesco conocido con las hermanas Piper, Prue, Phoebe y Page de la serie "Charmed/Embrujadas"). Pero, tal cual el bizcocho que subía, se desinfló su fama por estos lares y, pese a seguir siendo muy conocida en su zona, al final su asalto a europa quedó en stand-by.




 
     En el año 2008 compuso la canción de su país de nuevo para el festival eurovisivo y consiguió quedar en un muy digno noveno puesto, que hace que no lo logra españa desde ni se sabe cuándo. Para este año, si finalmente es la elegida, participará con una canción titulada "Ding, dong", de la que, por ahora, no he visto ningún videoclip, pero sí el audio, que os pongo justo debajo.




 
     En realidad, esta mujer lleva tantos años relacionada con Eurovisión que, si vuelve a presentarse, yo creo que volverá a ganar, aunque su canción no me guste tanto como las otras dos que presentó para este concurso. Y sí, he dicho dos, porque un par de años antes de ganar eurovisión con "Diva", se presentó a la selección de su país (en una actuación muy del estilo de la movida madrileña pero cantando bien) con la canción "Laila tov europa" (en su versión inglesa: Sing good night to europe).



     En fín, que en medio de todo ese guirigay de países se presentará de nuevo nuestro país a hacer el ridículo con una canción que algunos ya odian (existe una plataforma para que nos represente la canción del Mercadona, una cadena de Supermercados). Así que yo voy a lanzar mi propuesta: El año que viene me presento yo y pediré llevarme de corista a Massiel y Salomé. Al menos no podrá decirse que seguro que en las fiestas no pasamos desapercibidos.

jueves, 24 de febrero de 2011

Delicioso

     Una vez regresado de Madrid, me disponía el otro día a comer en cierta cafetería cuando de repente algo llamó poderosamente mi atención en el menú...


     ... vale, es evidente que algún gracioso ha customizado la carta, pero el susto me lo he llevado igualmente imaginándome mis verduritas con sus ladillas salteadas. Aunque por otro lado ya hace años que leí que el futuro de la alimentación pasa por el consumo de insectos, fuente de proteínas y de sencilla producción.

     Yo de momento he probado una vez los saltamontes fritos, traídos directamente desde méxico, que sabían como las pipas de girasol por la de sal que llevaban, pero que tienen el incordio de las patitas que se te clavan entre los dientes y son un rollo para sacarlas. A mí, sinceramente, esto de comerse bichejos me sigue sin resultar atractivo, la verdad. Pero, desde luego, lo de comerse los piojos de salvasealaparte, sigue resultándome un poco excesivo. no? Es como si me dicen que a partir de ahora van a hacer revuelto de cucarachas o algo por el estilo, será muy nutritivo pero en absoluto organoléptico.

     Y si sabré yo de organoléptica! Aún recuerdo cuando se me metió entre ceja y ceja aprender a cocinar tortilla de patatas, allá por mi más tierna infancia. Siempre se me pegaba la tortilla y al darle la vuelta terminaba en un amasijo de huevo revuelto con patatas. Un día que mi familia se había ido a asturias y yo me había quedado estudiando (vale, no era tan tierna mi infancia, debió ser con unos 15 años) decidí hacer la tortilla más hermosa que en el mundo se recordaba. Pelé con cariño las patatas y las partí en minúsculas láminas para freirlas y escurrirlas con cuidado. Batí los huevos procurando no dejar ningún pequeño fragmento de cáscara, por minúsculo que fuera. Mezclé con el huevo batido las patatas ya fritas y retiré el aceite de la sartén. Bajé un poco el fuego (de aquella aún teníamos cocina de gas) y lo dispuse todo en la sartén, procurando evitar que se quemase. Pasaron uno, dos minutos, le dí la vuelta con el cuidado máximo que mi inexperiencia culinaria me permitía, y tras otros dos minutos, apagué el fuego. Había quedado perfecta cuando la saqué al plato. Con mi deliciosa tortilla me dirigí a la mesa y, tras freir un par de filetes, me dispuse a deleitarme con el manjar que había cocinado.


     Entonces, fue justo entonces, cuando saboreaba el primer bocado mientras pensaba en lo hermosa que había quedado la foto que le había hecho a la tortilla, cuando me dí cuenta que me había olvidado... de ponerle sal.

miércoles, 26 de enero de 2011

Alejandra Guzmán

     Entre Sergio y Thiago (al que tengo enfurruñado pero espero que sea una pose) andan rememorando escenas de su pasado y yo, qué queréis, entre lo bien que escriben y lo de ponerse a pensar, me he quedado un poco plof. No porque no tenga un pasado, sino porque el mío no está lleno de agradables experiencias o recuerdos entrañables. Mi relación con el sexo en general y el masculino en particular está teñida de clandestinidades y desastres reiterados, así que hace ya tiempo que decidí fusilar su recuerdo (más o menos el día en que metí el corazón en la Termomix). Sin embargo, estos escritos tan hermosos (que a mí casi me da vergüenza seguir publicando estas mamarrachadas con ausencia completa de orientación, y parcial de estilismo) han traído a mi memoria el niño que un día fuí y que sí, también tuvo sus sueños y sus esperanzas. 

     Pero no es tiempo de ponerme melancólico porque yo quiero reirme con el blog y lo de abrirse demasiado suele doler bastante (vaya con toda la ironía que se quiera interpretar). Así que, de los recuerdos de aquella infancia infeliz a ratos, desde hace un par de días pulula en mi cabeza una escena de un viaje a Torremolinos con mis padres, a cuarenta grados en un coche sin aire acondicionado, con mi hermano y dos primos (sí, cuatro en total, y sin cinturones, claro) en los asientos de atrás en el viejo Seat Mirafiori (fíjate tú si seré viejo que recuerdo hasta su matrícula), mientras sonaban dos canciones en concreto. Por un lado, el Hoocked on a feeling que puso de moda años más tarde Ally McBeal (esa serie me nutre de información para la mitad de mis posts, no?), con su "Ukaukaukashakaukaukauka", y por otro lado la canción más exitosa que Alejandra Guzmán, roquera prestigiosa en su México natal, tuvo en este nuestro país. La canción en sí es poderosa, fuerte, rock en estilo puro, y siempre me ha gustado volver a oirla. Pero si la canción de por sí ya me resultaba pegadiza, el día en que ví aquel videoclip, mi pequeña mente asexual hasta el momento comenzó a vibrar. Aquella espalda fibrada remontando la montaña del cuerpo de su pareja, la escena en penumbra, las gotas de sudor mojando las pieles desnudas y ese ambiente de tensión sexual que se respira en todas las escenas de los dos amantes se quedaron grabadas a fuego y para siempre en mi memoria. Tanto, que cuando el calor nos apelmazaba en aquel asiento de atrás, y desde la radio sonaba aquella melodía, no pude sino cerrar los ojos y pensar en el día en que yo también tendría un ángel desnudo bañado en sudor para mi uso y disfrute.

     Y así me quedé, esperando, jajaja.

     PD: Vaya a modo de disculpa con Thiago... fíjate que la chica en alguna de las escenas sale plateada, plateada, como a tí te gusta :-P

jueves, 30 de diciembre de 2010

Informática y otros cuentos

Ya era demasiado milagro. Estaba guardando mi tercer post programado para la semana que viene, en la que voy a estar casi sin internet, cuando plof, se ha perdido en la inmensidad de la bitología. Pues menuda mierda, yo que os había hablado de mi búsqueda desaforada de móviles para llegar a la conclusión de que me tendré que comprar un tamtam.

En fín, otra cosa que quiero comentaros, a ver si esta vez lo consigo, es la noticia que hoy me ha deprimido. bueno, deprimido tampoco, porque de hecho me ha alegrado un poco porque yo a este señor le calculaba muchos más años. El caso es que cuando leais esto lo mismo os da la risa porque comentar noticias de hace una semana no tiene chicha ni limoná, pero es que mis dotes de pitoniso están en barbecho a la espera de ver si acierto con mi horóscopo para el año 2011 que podeis ver aquí (y que si acierto a quien no veréis más es a mí porque me voy a hacer de oro con dos o tres loterías bien escogidas). El caso es que han encontrado muerto en una habitación de hotel al cantante de esa cosa exótica llamada Bonnie M, Bobby Farrell (que supongo que no tendrá parentesco muy directo con Colin Farrel dada la diferencia del tono de piel).

No sé cuántos de vosotros sois de galicia, pero aquí en Galicia (vamos a ponerlo con mayúsculas que somos pocos y cabemos bien) la telegaita (la televisión pública de Galicia) tiene un programa formolizado que se llama "Lúar" y que ven los jubilados de esta nuestra tierra, que son la mayoría gracias a la espantá que protagonizan los de mi edad -y así me va a mí que no tengo con quien ligar, que no será porque yo no lo valga-. Y allí, entre Raphael e Isabel Pantoja, de cuando en cuando invitaban a los de Bonnie M. Que digo yo que no sé cómo van a rellenar tanto hueco como les está quedando desde el obituario de las Rocíos, la chica (Durcal) y la "más grande" (Jurado), a este paso van a tener que desempolvar a Juan Pardo y Georgie Dann porque sino con la sobredosis de movimientos limpiabombillas Raphaelianos y la bata de cola de la Pantoja van a salirnos con pluma hasta las ranas.  

Decía pues, que me deprimía y me alegraba. Me deprime, porque la verdad ese señor yo ya lo veía como algo viejuno cuando yo era un niño, pero ahora que han pasado veinte años (y más) de aquella, pues era una forma de sentirme aún joven. Y claro, mi juventud la palma como este buen señor.

La alegría me la dá el hecho de que se ha muerto con 61 años de edad, lo que quiere decir que cuando yo lo veía ya todo viejuno él tenía poco más o menos cinco o diez años más de los que tengo yo ahora. Y yo estoy muchísimo mejor, dónde vamos a parar!


En fín. Si hasta David el Gnomo ha cumplido 25 años... está claro que mi juventud ha llegado a su... madurez :S