Y es que alguien como yo, que nunca ha tenido pareja, no me he visto nunca con razones para celebrar ese día del amor. Lo cierto es que no me imagino cómo podría ser mi vida con un novio, como tampoco me imagino teniendo un perro y abandonándolo un par de días a la semana por motivos laborales, así que si no soy capaz de mantener ni siquiera una orquídea con vida (creo que ya conté cómo cocí un día una dejándola al sol) menos aún podría pasar a pensar en plural.

No voy a negarlo, alguna vez me he imaginado comprando un ramo de rosas rojas como el que llevaba un coche justo delante de mí ayer a la noche, al regreso del trabajo. O preparando en sorpresa una escapa romántica a algún lugar desconocido a tiro de piedra de esos que todos siempre quedamos pendientes de visitar y a los que nunca vamos simplemente por lo cerca que están. Pero supongo que no todos tenemos en la vida las mismas oportunidades y yo no estoy hecho para esto. Quizás es que llegados a una edad dejas de depositar la suficiente confianza en la gente o incluso en tí mismo como para dejarte llevar. O quizás simplemente es que no se hizo la margarita para la boca del cerdo, en cuyo caso algunas veces me toca ser animal, y en otras, planta.
Pero no ayer. Bueno, en realidad, fue hoy, pues es ahora mismo cuando lo acabo de descubrir al mirar el correo de este blog, y descubrir la maravillosa sorpresa de un mail nuevo (el primero desde que el 31 de enero una señorita me acosase para colaborar con mi blog enlazándole publicidad, no le auguro un gran futuro a su empresa con colaboradores como yo, jajaja), remitido por Roberto Tenique, ese encantador bloguero que estoy seguro ya conoces.
No puedo corresponderle en el día, porque entre mis virtudes no está la de viajar en el tiempo (aún). Así que le doy las gracias con este post, que al precio al que se están poniendo mis palabras (por escasas) espero le suponga una gratificación suficiente. Y si no... bueno, procuraré pensar en cómo corresponderle. ¿Será con una cabecera? Total, ya debo otras dos... jajajajaja