Bueno, pues ya he vuelto. Perdonad que me haya ausentado, pero estoy tan liado que hasta me estoy dejando los piños por el camino. Bueno, para eso tubo también que ver cierto rodillazo jugando al Twister (antes llamado "Enredos") que alguien me azuzó, pero espero que mañana mi primo el dentista me dé sobrada solución sin asesinarme la cartera.
Así que hoy, con tanto lío, he tenido que dejar de ir al gimnasio para poder ver el debatísimo. Y como Rajoy, que se merecería un post reivindicativo que no haré porque me saldría hiel por la boca, me deja la posibilidad de casarme en un quizás sí o quizás no ya se verá lo que dice el Constitucional, voy a ponerme en situación y, como prometí a cierta amiga hace ya más de tres meses, voy a dejar aquí colgado el que podría ser un monólogo para una boda.

Porque, vamos a ver... aquí la gente se casa (bueno, los que pueden, claro, que yo como buen gallego sigo sin saber si podré hacerlo o no, eterna escalera vital!), pero lo que nadie me ha sabido responder aún es con qué fín. Hablo de las ceremonias y todo ese rollo, claro, no de papeleos o de futuros hijos, que esos con firmar un papel ya lo tendrían solucionado. Si es que son todo líos y dudas! Empiezas por la propia ceremonia. Civil o milit... religiosa? (en qué estaría yo pensando? Todos sabemos que de equivocarse con algo la religión debería equipararse más al Código Penal, con tanto pecado y tanto castigo divino, jajaja).
Y claro, además de decidir si pones flores, si te tiran arroz, pétalos o lentejas... porque yo he ido a bodas en que se han tirado hasta garbanzos, y os puedo asegurar que no todo es lo mismo, como -dicen- pasa en las elecciones. Vale, sí, perdonad que ando muy electoral pero es lo que tiene escribir con el debate recién terminado. Pero si es complicado elegir decoración, fotógrafo, música... hay algo que todos los novios temen y ninguno nunca os va a reconocer.
Los invitados.
Sí, sí, tú, y yo, y todos en el universo desde que el mundo es mundo hemos ido alguna vez de invitados a una boda. Pues que sepáis que casi en la mitad de las veces no sois deseados, jajajaja. Porque, a ver, ya no es sólo cuestión de si te invitan o no. Que eso también es un temazo. Invitas a los del trabajo aunque la mitad te caigan mal? Sólo a los que te caen bien y te ganas enemigos más acérrimos? O no invitas a nadie y quedas como el culo?
O la familia... invitar a la prima alcohólica o mantenerla escondida en un armario? (ay, en el armario familiar no cabes, primita, que está muy saturado, si tú supieras...). Le das la invitación a aquel amigo que en cuanto toma dos copas se enrolla con lo primero que se le arrima? O peor aún... invitas al que cuando bebe se lía a mamporros con cualquiera? Pues de todo eso he visto yo en bodas ajenas.
O, sí, mi favorita, los momentos amorosos que salen de una boda. Porque eso de que de una boda sale otra no sé si es cierto. Pero que a poco que te descuides hay tema que te quemas es una verdad como un piano. Ay, si los baños de los restaurantes hablasen! Aún recuerdo aquella pareja que regresaron con la ropa del revés media hora más tarde de desaparecer al ritmo de la conga de jalisco...
En fín, una vez decidido el personal, viene la segunda parte. Dónde se hace la fiesta? Y el menú? Que si tienes un amigo alérgico al marisco. Otro al pescado (y ahora que lo pienso, hay alguien alérgico a la carne? noooo a la carne no es alérgico nadie, picarones). ¿Y la música? Uf, qué cruz... norma número uno si te vas a casar. NI POR ASOMO, ni se te ocurra en el mayor de tus delirios dejarle al Dj que deje el micrófono a ningún invitado. Porque el primero igual tarda en pedirlo. Pero una vez que pase el primero... uajajaja, se rompe el dique y hala a nadar!
O bueno, a taparse del diluvio, según quien cante, claro.
Total, que por resumir porque no es plan hablaros de la noche de bodas (que si quereis, también tendría tela que cortar...). Uy, sí, la ropa! Esa es otra. Todos queremos ir originales. Lo cual siendo tío es imposible a no ser que termines en pelotas, y créeme, realmente no es agradable ver a los que suelen estar dispuestos a desnudarse. Pero siendo tía es una putada. Buscas, rebuscas y requetebuscas, y total, para qué? Todo en aras de ir en plan exclusivo. Como para gastarte un porrón de cuartos en una tienda de Carolina Herrera. Y que luego resulte que a otra invitada se le ocurra lo mismo en Oviedo y hala, ya estás jodida. O te compran los mismos zapatos. Sí, suena a broma pero todo eso lo he visto yo con mis dos ojitos.
Eeeeen fín, que mira, yo, no me caso. Vale, tampoco tengo con quien. Pero, desde luego, si lo piensas bien, con lo complicado que es esto de casarse, esta claro que para hacerlo hay que quererse mucho. Así que, dicho desde la envidia más insana, claro, digo: enhorabuena para los incautos, jajajaja.